Un proyecto universitario puede convertirse en tu empresa

Es bastante común que los proyectos que nos dejan en la Universidad sean tomados a la ligera, como una tarea más con la que hay que cumplir para pasar o para mejorar nuestro promedio. En mi caso siempre lo he tomado con seriedad, pensando que alguno de ellos sorprenda a mis profesores y me tomen en cuenta para recomendarme en una empresa, pero nunca pensé en que tendría mi propia empresa gracias a un trabajo de la escuela.

Sucedió cuando cursaba el quinto semestre de la carrera de Ciencias de la Comunicación. Apenas había pasado la primera mitad de los créditos cuando en la clase de Administración nos pidieron que creáramos una organización que ayudara a mejorar los medios de comunicación. Formamos equipos de tres a cuatro personas y teníamos seis meses para mostrar nuestra investigación, explicar nuestra compañía y revelar en que ayudaría.

Me uní con mi mejor amigo y otra compañera que no la querían como integrante, así que le abrí las puertas pues sabía que era cumplida aunque muy callada. Resultó ser pieza fundamental en el proyecto. Las primeras semanas fueron un martirio ya que no se nos ocurría nada, hasta que Julia, el nombre de la chica de mi equipo y a la que nadie más quería, nos invitó a su casa, donde conocimos a su hermano sordomudo. El pequeño estaba viendo la televisión, en específico las caricaturas. Tenía una cara de molestia, pese a tener subtítulos parecía que no la estaba disfrutando. Ahí se me ocurrió que podríamos crear caricaturas para sordomudos, con personajes integrados que hablen el lenguaje de señas. Algo arriesgado pero que funcionaría para mejorar la educación en los medios de comunicación y así apoyar a personas.

Pasaron los seis meses y fuimos el mejor proyecto, incluso el profesor nos felicitó y dijo que como lo habíamos planteado era algo muy viable, así que registramos el producto y la idea y comenzamos a planificarlo. En mi último semestre la empresa ya estaba puesta en marcha, con Julia y Mario, mi mejor amigo, como socios, así como el profesor de la clase. Incluso tuvimos que buscar oficinas virtuales para darnos abasto con los clientes que nos llegaban. Todo era un éxito en un menor grado, pues no lográbamos llegar a los grandes medios de comunicación.

Me gradué y me titulé de la Universidad teniendo ya mi propia empresa, de la cual era socio mayoritario después de que Mario nos dejara para enfocarse en su carrera como locutor. Sólo pudimos hacer algunas aportaciones para canales de televisión local de estados como Jalisco, Puebla y Querétaro, pero nada de ir al Canal Once y menos a Televisa o TV Azteca.

Ahora, con una empresa que ayuda a los niños sordomudos, como el hermano de mi amiga y socia, Julia, continué mi carrera como emprendedor y comencé a escribir libros sobre los medios de comunicación actuales, fundé un par de organizaciones en contra del maltrato a los menores y otra que ayuda a regular los contenidos disponibles para los pequeños. Así que un simple proyecto de media carrera fue el impulso para convertirme en un empresario exitoso.